lunes, 8 de abril de 2013

EL GRAN AVISO



EL GRAN AVISO


 Para sacarnos del sopor espiritual, para despertarnos del adormecimiento, de la envoltura de la muerte, rescatarnos del letargo espiritual, El Señor permite la sacudida, el tropiezo, una dificultad, una desgracia, que puede ser un choque con nosotros mismos, con nuestros límites e incapacidades, o un asalto infernal.

 El problema real es que cada uno esta histérica y miedosamente atrapado en sí mismo, hundido, sumergido y perdido en su realidad, olvidándose de la verdad, extraviando el rumbo, perdiéndose en sus tinieblas interiore y circundantes, contribuyendo con el adversario, colaborando con la muerte eterna en la perdición y degradación general de la humanidad.

 El miedo es como la fuerza de gravedad, atrae al alma a su centro-abismo, y es así que nos quedamos hundidos-perdidos-sumergidos-apegados-sujetos a nuestro ‘yo’, que es el abismo interior, el signo de la falta de Dios, del olvido de Él. Notar que, cuanto mas nos olvidamos de Dios, mas decimos, ‘yo’, suponiendo que nos llenamos, no viendo que nos vaciamos mas porque mas nos olvidamos-apartamos de Dios.

 Atrapados por la histeria del ‘yo’, dominados, esclavizados por éste cerdito histérico insaciable que es nuestro ‘yo’, no podemos liberarnos del miedo, de su dominio obsesivo, acoso sin par y sin descanso, es un gusano que nos devora constantemente sin dar reposo, ni de día, ni de noche.

 Acá es donde interviene-Pasa, o se Revela El Señor, permitiendo el tropiezo realizando una advertencia, como le sucede al que va caminando por la vereda absorto, hundido, encerrado, alienado y evadido en sus pensamientos y de repente tropieza con una baldosa, vuelve a la realidad. La realidad de la que estamos ajenos es la espiritual y el tropiezo es hallarse realmente ante sí mismo, la propia incapacidad, el mismo miedo, lo inútiles y nada que somos en realidad.

 Esto es un acto de Justicia y de Misericordia Divina, porque ambas cosas son dos partes de una sola y misma cosa, de Dios, dos caras de la misma moneda. Por Justicia permite El Señor el tropiezo para despertarnos, como cuando una persona histérica se le da un cachetazo para calmarla y hacer que escuche, y por Misericordia quiere este tropiezo para poder levantar al alma, darle una salida del abismo de sí, para que se libere, le da la posibilidad de que se levante de su abatimiento, que deje de pensar en sí obsesiva, angustiante y desesperantemente, y pueda así elevarse, mirar a Dios, comenzar una Vida Nueva.

 A esto es a lo que se llama ‘El Gran Aviso’, un Paso Libertador del Señor, una iluminación, despertar de consciencia, un tropiezo que nos abre un camino a una nueva vida, que nos da la entrada a la contemplación de una realidad nueva, no porque surja ahora, sino porque la descubrimos ahora, ya que esta desde el principio, e incluso es anterior a la realidad material, terrena y mundana en la que nos sumergimos-perdemos.

 Éste ‘gran aviso’, puede ser personal o general, es personal cuando le sucede a cada uno en su vida-mundo, y es general cuando suceden cosas que afectan a muchos, como una catástrofe, guerra, hambres, pestes, etc.

 Esta es la oportunidad de despertar, sacudirse el polvo de las preocupaciones, salir del abismo de la angustia y dejar de desesperarse e histeriquear, comprendiendo que, por nosotros mismos no vamos a salir de lo que nos aqueja, porque los problemas reales son espirituales y debidos a la ausencia de Dios en el alma, en la vida personal, como en el mundo, por ello, comprender claramente que la solución es espiritual, el Principio de solución de todo problema es Dios, volver a Él, convertirse.

 Hay quienes dicen ser espirituales, creer en Dios, etc., esta bien, pero, no es todo, es el principio, todos tenemos que ser purificados, corregidos, aprender a amar a Dios en Verdad y aprender a amarnos también debidamente a nosotros, es decir, querer nuestro Verdadero y Eterno Bien, aprender a Vivir realmente, a amar, a perdonar, a dejarnos limpiar purificar por Dios y a amar al prójimo también debidamente.

 Así es que, en medio de las desgracias que nos afligen, en vez de dejarnos tentar por el adversario, tenemos que levantar la cabeza mirar a Dios, e inclinarla reconociendo nuestros vicios, rebeldías, dejándonos corregir por Él, y empezando una nueva vida, humildes, conviviendo con El Señor en Verdad.


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