jueves, 22 de agosto de 2013

VIDAS DESAMORADAS, VIDAS SIN VIDA-MUERTE ENCARNADA



VIDAS DESAMORADAS, VIDAS SIN VIDA-MUERTE ENCARNADA

CONSTA DE SIETE REFLEXIONES

1. VIDAS TRANSGÉNICAS

 Por Amor permite Dios un momento único en el que podemos vernos libres de la influencia del adversario para poder pensar, juzgar, elegir, decidir lo que hacemos y vamos a hacer, teniendo en cuenta las consecuencias de los actos, debido a que todo genera responsabilidad, y al final, inevitablemente se cosecha la siembra.

 Si sembramos semillas adulteradas genéticamente, transgénicos, vamos a cosechar enfermedades transgénicas, es decir, nuevas e incurables, y lo mismo sucede respecto de la vida espiritual, si tenemos una vida espiritual adulterada, no vamos a tener real Vida Eterna, sino un espíritu enfermizo que mas muerte que vida nos va a transmitir.

 El Señor permite en la vida de cada uno un tropiezo, un momento de reflexión, un instante en el que la persona se ve impedida de realizar sus tareas habituales, esto puede durar un día, varios, meses, años, lo que sea necesario para que cada uno se conozca y para que tenga la oportunidad-opción de entender la verdad.

 Este entender la verdad, es referido a que pueda juzgar realmente lo que es y hace, así como lo que no es y no hace, es una posibilidad invaluable para conocerse a la Luz de Dios, librándose de la mentira, del engaño, del error, de toda orgullosa presunción.

 Para todos es algo diferente, Dios interviene como piedra de escándalo, de tropiezo, en la vida personal de cada alma que se halla de paso por el mundo d una forma personal, única e irrepetible, tal y como son las almas.

 Puede tratarse de una enfermedad, un accidente, una dificultad, un problema, perder algo o a alguien, quedarse sin trabajo, frustraciones, decepciones, desencantos, etc.

 Siempre el golpe es proporcional al orgullo de la persona, como le sucedió a saulo camino a damasco. Considerar que no es Dios el que golpea, como el apóstol de los gentiles, somos nosotros los que vamos a caballo y cargamos contra Dios, los que estamos enredados en una carrera nerviosa, histérica, desesperada, empeñados por hacernos adorar, obedecer, dedicados a ser tomados en cuenta y buscando sin piedad alguna la forma para obligar a que nos acepten.

 Todos andamos por el mismo mal camino, simplemente porque todos tenemos miedo, estamos preocupados por nosotros mismos y no hacemos mas que dedicarnos a huir del miedo sin ver que a éste nos sometemos, entregamos y obedecemos, o sea, sin querer comprender que bajo su oscuro manto nos enterramos.

 Nos entregamos al miedo porque le hacemos caso, porque nos dedicamos con angustia, desesperación e histeria obsesiva a hacernos ver, aceptar, reconocer, tomar en cuenta, adorar, obedecer, etc., y cayendo en lo mas bajo que hay que es hacer cualquier cosa para ello.

 Para impedir que nos perdamos irremediablemente, Dios permite un tropiezo, una caída en el abismo propio, un anegamiento en la nada que somos y en la que nos hemos convertido al elegir no amar, al preferir adorarnos y mentirnos llenándonos así de amor propio, orgullo, vicios, corrupciones, abominaciones infernales.

 En el abismo de la carrera vertiginosa, nerviosa, histérica, descontrolada, todos tropezamos, como el que va hablando sin cesar demandado-exigiendo-imponiendo que lo escuchen aunque no tienen nada para decir, y de repente se le enredan los pies tanto como la lengua, y por mas que se queje, ha tropezado solo.

 Dios ha permitido el tropiezo para que, comiendo el polvo, besando el suelo, reflexionemos, veamos, comprendamos lo que no hemos querido escuchar, la advertencia que nos viene haciendo desde hace años, lustros, siglos.

 Somos tan tontos, histéricos, insoportablemente vanidosos, que nos quejamos cuando Dios nos esta haciendo un bien, peleamos contra otros y contra Dios mismo volviéndonos unos malditos renegados obsesivos que se desesperan en su histeria infernal por imponerse, prevalecer y hacerse obedecer como desquite y alivio, como venganza para el orgullo herido.

 Como seguimos sin querer aprender la Verdad, sin aceptar lo evidente, continuamos postrados en tinieblas, como el que tropezó y no se levantó, conociendo así las miserias propias y entregándonos a lamentos, preocupaciones, obsesiones, nuevas desesperaciones, despreciando el Don de Dios.

 Dios Es Padre y corrige a sus hijos porque los ama, pero nosotros renegamos de su corrección y nos esforzamos por volvernos doblemente rebeldes, obtusos, caprichosos y desamorados.

2. SI HUBIESE FE VERDADERA

 Todos tenemos algo que queremos, deseamos, buscamos, perseguimos, ambicionamos, etc., es normal, así nos movemos, pero, ahí es donde Dios nos educa, interviene-pasa, pues no siempre se trata de algo bueno, o no siendo malo, puede haber cosas mas importantes y mejores que no miramos, que no conocemos, que al estar encaprichados con lo que queremos, no consideramos, no queremos o descartamos.

 Dios como Padre, nos va educando para que no caigamos esclavos de nosotros mismos, para que acabemos yaciendo postrados en el mundo sin Dios preocupados, angustiados, desesperados e histéricos retorciéndonos tratando de satisfacer ambiciones inútiles con las que el adversario nos tiene encadenados y nos obliga a que le prestemos atención a él y no a Dios.

 No consideramos como con caprichos, ambiciones, con el constante dedicarnos a satisfacernos sin pensar en las consecuencias, nos vamos enredando, atando, como acabamos confundidos entre deseos contradictorios, ni como al final, acabamos perdiendo el rumbo, extraviándonos en tinieblas y entregándonos a vicios, deformaciones, perversiones, abominaciones, etc.

 Dios quiere prevenir que crezcamos torcidos, que nos desviemos, pues una rama desviada no se endereza mas, pero como tontos, hacemos fuerza para torcernos, desviarnos y crecer como se nos ocurre, viene en ganas, o como el adversario prefiere tentando y seduciendo a las almas al imponerles que miren hacia abajo y no hacia arriba.

 Querámoslo o no, el adversario existe, satanás esta presente y odia a todas las almas, no perdona a ninguna, no suelta a nadie, al contrario, se desespera por imponer que lo acepten, miren, adoren, tomen en cuenta, etc., y si renegamos de Dios, no tenemos defensa alguna contra su perversión, irremediablemente quedamos a merced de sus caprichos, y es porque lo hemos elegido, querido, buscado, cuando rengamos de Dios y prescindimos de Él.

 Cuando no buscamos a Dios y cuando lo rechazamos directamente, estamos eligiendo a satanás. Cuando nos dedicamos a nosotros mismos, a nuestra ambición personal, estamos eligiendo a satanás. Cuando fingimos que nos dedicamos a otros, también estamos eligiendo al adversario, debido a que lo hacemos por amor propio, orgullo, por dedicarnos a nosotros en manera oculta, encubierta, volviéndonos hipócritas.

 En esa última elección del adversario, las almas se engañan a sí mismas y pretenden engañar a otras, pero al verdad es que lo hacen por rebeldía contra Dios y no por amor, entonces, lo que hacen, de nada sirve, pues es para continuar siendo rebeldes, renegados y verdaderamente desamorados, debido a que si no somos capaces de amar a Dios, de comenzar por el Verdadero Principio, no somos capaces de amar a nadie verdaderamente, todo es egoísmo, egolatría y orgullo por mas que lo disimulemos.

 Cuando nos dedicamos a lo que queremos sin haber buscado a Dios, sin haber querido escucharlo, por mas que insistamos en que somos buenos y que obramos bien, es mentira, debido a que no somos capaces de comenzar por El Verdadero Principio, no somos capaces de amar a Dios.

 Si bien no es obligatorio, tanto mas hoy que esta lleno de orgullosos histéricos empeñados en defender su amor propio, su rebeldía y consentido y cultivado desamor, es conveniente comenzar por amar a Dios, de lo contrario, no hacemos otra cosa mas que hundirnos, encerrarnos, abismarnos en nosotros mismos y dedicarnos a hacernos adorar, ver, aceptar, etc., autoconsumiéndonos en ese deseo infernal de adoración que fermenta al no amar a Dios, al no crecer, al no madurar, al no evolucionar espiritualmente.

 Debemos comenzar por buscar la Voluntad de Dios, ahí es donde estamos construyendo en la Roca de Dios, pero, como no queremos, como estamos empeñados en llevar adelante nuestra voluntad, nos convertimos en rebeldes, caprichosos, obsesivos, desamorados inútiles que perecen en su histeria, que se pierden por la desesperación de hacerse adorar, suponiendo que hacerse amar por otros va a suplir a Dios, va a reemplazar Su Amor.

 Lo que queremos, buscamos, ambicionamos, deseamos, etc., es secundario, y generalmente es producto de rebeldía, es obrar por despecho por algún rencor oculto, es manifestación de una venganza, y por supuesto, es expresión clara del miedo, de la preocupación por sí, y el efecto innegable de la falta de Fe Verdadera.

 Si hubiese Fe Verdadera, buscaríamos como dijo El Señor, siempre Primero El Reino de Dios, luego, lo demás sería por añadidura.

 Si realmente queremos conocer la Vida y alcanzar una Verdadera Felicidad, debemos comenzar por renunciar a nosotros mismos, a la propia voluntad, pues ahí anida la rebeldía y es donde nos enredamos, atrofiamos, convirtiéndonos en caprichosos rebeldes desamorados que solo y siempre se preocupan por sí mismos, suponiendo que así obtendrán algo bueno y sucumbiendo en el intento por demostrar lo que en realidad es mentira.

3. INUTILIDAD DE TODO SER SIN DIOS

 Pudiendo ser libres, pudiendo elegir a Dios, nos esforzamos por ser esclavos, es decir, por continuar siendo unos renegados desamorados que solo y siempre se preocupan por sí con angustia, obsesión, desesperación e histeria siempre crecientes.

 Dios permite que tropecemos con la propia incapacidad para depravarnos o corrompernos mas, permite que hallemos nuestros límites, y tal cosa no es un castigo, es una bendición, porque nos da la oportunidad única de ser libres, de cambiar de camino, de volver a Él.

 Siempre el problema es el mismo, no queremos, no nos interesa, nos esforzamos por continuar siendo rebeldes, por demostrar que tenemos el control y que nuestro orgullo es dios omnipotente, defendiéndolo y no queriendo ver que es un inútil que histeriquea, hace escándalo, se queja, demanda, exige e impone que se le haga caso como los demonios.

 Como tontos, somos y queremos ser ciegos, pues tropezando, hallando un límite, comprobando la propia incapacidad para corrompernos mas, tratamos de romperlo, transvasarlo y de continuar por el camino de la perversión, sufriendo de esta manera transformaciones infernales donde el alma se convierte en demonio y deja de ser hija de Dios.

 Tenemos la oportunidad de cambiar de rumbo, de modificar la conducta, de volver a Dios, de renunciar a nosotros mismos, al orgullo, a los caprichos, pero, la desperdiciamos, continuamos siendo unos renegados desamorados que se obsesionan con seguir conformando su ambición-ego.

 Resuelta y decididamente no nos importa nada de nada, solo satisfacernos en el ego-orgullo, por ello es que estamos anegándonos en el amor propio, estamos ahogándonos con la propia corrupción, y encima, como ocurre con las prostitutas histéricas e insatisfechas, odiando a otros por ello, queriendo ver que otros son responsables.

 El tropiezo, la dificultad, los contratiempos, etc., son oportunidades que tenemos para librarnos de caprichos, obsesiones, para ser libres de esas enfermedades espirituales, de las deformidades infernales, de evitar convertirnos en hijos del adversario, unos rebeldes desamorados que solo y siempre se preocupan por sí con obsesión, angustia, desesperación e histeria.

 Como ciegos tontos que siempre se empeñan en defender ofuscada y torpemente su orgullo, no vemos en esas situaciones una bendición de Dios, al contrario, hacemos escándalo y nos quejamos acusando a Dios y a todos, despreciando y desperdiciando el Verdadero Don de Dios Que Es la clara Revelación de la Verdad donde podemos conocernos en lo que realmente somos.

 Somos nada y podemos menos, pero, negamos tal realidad evidente con mentiras, de manera que nos volvemos hipócritas, embusteros, unos estafadores charlatanes desesperados por construir y defender la imagen, unos egoístas desamorados a los que no les importa mas nada de nada ni de nadie, pues solo y siempre contemplan su ego, que es su dios, no viendo que en realidad es un abismo de corrupción y muerte.

 Deberíamos aprovechar la dificultad, el problema, la limitación, el tropiezo, para dejar de preocuparnos por nosotros mismos como lo venimos haciendo, de lo contrario, quedaremos atrapados y perdidos ahí abajo irremediablemente esforzándonos por mentirnos a nosotros mismos, por convencernos de que no somos lo que es evidente, y de que podemos todo, como si no fuese clara la incapacidad e inutilidad total y ruinosa en la que estamos anegados y expuestos.

 Como tontos caprichosos que somos y queremos ser, renegamos de Dios y nos esforzamos por volver a la esclavitud, es decir, por volver a preocuparnos por nosotros mismos, a dedicarnos a hacernos amar, adorar, ver, reconocer, etc., pretendiendo así ocultar la vergüenza que nos da que quede expuesto nuestro ser nada, esa incapacidad real que somos, la verdadera inutilidad de todo ser humano sin Dios.

 Esa inutilidad la encubrimos, escondemos y disfrazamos con mentiras, primero para defender el orgullo y conformarnos a nosotros mismos, y luego, para imponer a otros que vean el velo de mentiras con el que nos escondemos y no la nada inútil que somos en el fondo. No vemos, no consideramos, que así es como nos hacemos esclavos del miedo.

4. DE LO QUE DIOS QUIERE SALVARNOS

 Somos ciegos y nos esforzamos por continuar siéndolo, así es que no vemos que El Don Que Dios nos Hace al permitir que tropecemos, es un Bien y no un mal, que el mal nos lo estamos provocando nosotros mismos.

 Tenemos la costumbre de quejarnos, acusar y de lamentarnos, preocuparnos y pelear, por ello, tratamos a Dios como a uno mas y lo culpamos de las desgracias que nos provocamos, de aquello que buscamos cuando no hicimos nada mas que dedicarnos a nosotros mismos, al orgullo, a la ambición todo el tiempo.

 Como no hicimos mas que lo que se nos ocurrió siempre, lo que hemos cosechado es esa rebeldía que nos devora, consume, maltrata y se impone exigiéndonos que la satisfagamos, es decir, que nos esforcemos por continuar siendo rebeldes, egoístas, desamorados y preocupados exclusivamente por nosotros mismos.

 Dios no nos perjudica al permitir el tropiezo, al contrario, esta amándonos, nos beneficia, debido a que impide que sigamos enterrándonos en nosotros, que continuemos encerrándonos en el abismo de nuestra nada caprichosa, obtusa, rebelde y desamorada.

 Nos da la oportunidad de abandonar el mal camino, de dejar de preocuparnos solo y siempre por nosotros mismos y de dedicarnos a satisfacernos como si de una cuestión de vida o muerte se tratase. Todos tenemos la opción, porque así Dios lo ha querido para bien de muchos, como todos tuvieron la oportunidad de ver y reconocer al Señor cuando visitó su pueblo.

 El problema siegue siendo el mismo, como entonces, seguimos rechazando al Señor, renegando de Él, repudiándolo, enterrándonos en nosotros mismos adorándonos, llenándonos de amor propio, mintiéndonos para considerarnos dioses y exigir que nos adoren, miren, tomen en cuenta, etc.

 A todos Dios nos da la oportunidad de crecer en el Bien y en lo Bueno, es decir, de amar, perdonar, de abandonar el camino odioso y resentido del constante y egoísta dedicarse a sí, el emperrarse en hacerse adorar y obedecer, pero, como sucedió siempre, nos negamos a Dios, renegamos de Él, repudiamos Su Voluntad.

 Rechazando la oportunidad de ser verdaderamente humildes, es decir, de ser almas que aman a Dios y lo expresan no con palabras, sino obedeciéndolo, realizamos un acto de rebeldía y desprecio tal hacia Dios que nos deja marcados con la señal de la bestia, es decir, anarquía, desamor a Dios, amor propio, preocupación por sí, capricho, vanidad, orgullo, apego a sí, al mundo y a lo que es del mundo como a los que son del mundo.

 Nos dejamos ganar por el miedo, dominar por la rebeldía y acabamos renegando de Dios, rechazándolo, repudiándolo y renegando como si eso fuese bueno, no queriendo crecer, madurar, no queriendo abandonar caprichos, histerias, berrinches, desplantes, desprecios, etc., que son propios de la inmadurez espiritual, de la falta de amor verdadero a Dios.

 Si Dios nos corrige es por y para nuestro Bien, no es un al, pero, como somos orgullosos, defendemos el orgullo renegando de Dios, resistiéndonos a aceptar que Él tiene razón, que Él dice la Verdad y que nosotros estamos en el error. Ahí es donde como adolescentes resentidos o como nenes caprichosos, buscamos consuelo de que otros nos adoren, miren, conformen, etc., satisfaciendo el orgullo y evadiéndonos de la verdad y de la realidad, internándonos de esta manera en tinieblas y regenteando demonios que solo pueden y quieren arrastrarnos a la perdición, que buscan lo que siempre desearon, hacer que odiemos a Dios.

 Cuando Dios nos corrige, debemos sentirnos felices, pero, obramos al revés, nos vemos como desgraciados, decimos que estamos maldecidos y renegamos, nos enfurecemos, peleamos, y nos esforzamos por volver atrás, por dedicarnos otra vez a nuestro orgullo-amor propio, enterrándonos por ello completamente en tinieblas.

 Considerar que, cuando advertimos un nerviosismo angustiante, histérico y desesperado, es porque estamos haciendo un esfuerzo inútil por hacernos ver, reconocer, adorar, etc., enterrándonos en tinieblas, apartándonos de Dios, eligiendo al adversario, y es de esto de lo que El Señor Quiere Salvarnos.

5. EL VERDADERO AMOR A SÍ MISMO

 Una persona que no se ama debidamente a sí misma, queda enredada en un esfuerzo inútil por hacerse amar y adorar mientras se llena de orgullo y amor propio. Exteriormente parece que se ama a sí, pero no es verdad y se hace evidente en el hecho de que se dedica a hacer lo que le es perjudicial, hacerse amar y adorar.

 La persona que se ama a sí misma verdaderamente, no se hace amar, no lo necesita, no entra en ese camino esclavo de decadencia, debilidad, miedo, egoísmo y autodestrucción.

 Se ama a sí mismo verdaderamente el que se niega a sí, el que renuncia a su voluntad para aceptar la Voluntad de Dios y para colaborar en Que Se Haga-Reine-Triunfe en su vida. No se ama verdaderamente a sí mismo el que se empeña por llevar adelante contra Dios y contra todos, su voluntad caprichosa, rebelde, miedosa, violenta y desamorada.

 No ve el que no se ama a sí que al desatar su rebeldía esta llamando al adversario a su vida y lo que ocurre en realidad es que construye su reino-presencia en el mundo como en su alma mientras desarrolla un espíritu inmundo, vicioso, corrupto, desamorado, miedoso, cobarde y solo preocupado por sí.

 Ese espíritu inmundo es el de la rebeldía, y es un deseo angustiante, desesperante que mueve al alma a buscar consuelo constante, a reemplazar a Dios con la adoración que se exige a otros, o hasta a Dios mismo, convirtiéndola así en demonio.

 Ese espíritu rebelde acaba siendo un tormento para el alma, y lo que es peor, pudiendo ser libre, no quiere, sino que se afana por cultivarlo mas y mas, por desatarlo, desarrollarlo y por entregarle todo poder, no viendo que así es como se pierde-entierra en tinieblas ahora y para siempre después.

 El mundo juzga al revés y por ello las almas se confunden y pierden, dado que dice que amarse a sí es volverse caprichoso, rebelde, es dedicarse a sí mismo o fingir que se dedican a otros. La verdad es que amarse verdaderamente a sí es dedicarse a Dios, consagrarse a Él, o sea, vivir en el paso por el mundo como verdaderos hijos de Dios que lo buscan, llaman, que lo toman en cuenta y que consideran su Voluntad.

 El que no ama a Dios, no se ama verdaderamente a sí mismo, sino que, con miedo, hundido en el propio abismo, se desespera por hacerse adorar, por obtener para sí como satanás, lo que le ha negado a Dios, la adoración.

 Podemos ser libres del mal, de dedicarnos a nosotros, de ser rebeldes, pero, no queremos, no hacemos esfuerzo alguno por buscar a Dios, por discernir Su Voluntad y anular de esta manera toda rebeldía esforzándonos por colaborar en Que Se Haga-Reine-Triunfe en nuestra vida.

 El que se ama debidamente a sí mismo, es capaz de hacerse violencia, de vencerse, de sacrificarse, de renunciar a sí mismo por amor a Dios, mientras que el que no se ama a sí mismo, no haría esto de manera alguna, pues se obsesiona descontroladamente por hacerse obedecer, por prevalecer, vencer, imponerse.

 El que se ama a sí verdaderamente, tiene fuerza y valor para hacerse violencia, para sacrificarse, negarse, vencerse, renunciar a sí mismos, mientras que el que no se ama a sí verdaderamente, es un verdadero cobarde que no hace otra cosa mas que hablar de sí mismo todo el tiempo y obsesionarse en su oscuro intento por hacerse ver, notar, y acaba por desesperarse convirtiéndose en un histérico violento que exige adoración como si fuese debido.

 Comprender acá la razón por la que se esfuerza el adversario por imponer que las almas se desprecien, aborrezcan, etc., pues así logra que se dediquen a sí mismas suponiendo que obtendrán algo bueno o que están obrando bien, cuando en realidad, ni ellas mismas se dan lo que exigen a otros, amor, perdón, aceptación, etc.

 Así es que encierra el adversario a las almas en un círculo vicioso donde ni aun obteniendo lo que exigen, demandan, buscan, etc., lo aprovecharán o verán, debido a que no se lo han dado a sí primeramente y están completamente vacías de Dios, son como un tubo o caño que deja correr el líquido, y no como un recipiente que puede retener lo que pasa.

 El verdadero amor a sí mismo dista mucho de aquello que se vende como amor propio en el mundo, pues lo que el mundo dice que es amarse a sí, es narcisismo, vanidad, yoísmo infernal, satanismo, una fábrica de amor propio, un abismo que clama constantemente por ser llenado, saciado y que no lo será nunca, debido a que ha rechazado y repudiado a Dios que es el único que puede colmar a las almas.

 De esta manera es que las almas se han convertido en antros de putrefacción, abismos de perversión, unas ególatras miedosas y desesperadas que se pelean entre sí clamando ser adoradas, suponiendo que así se verán saciadas, no comprendiendo siquiera que de esta manea se autodestruyen porque se consumen tratando de ser adoradas, a la vez que se estrellan unas contra otras destruyéndose mutuamente.

6. COMO CUALQUIER EGÓLATRA DEL MUNDO SIN FE

 Dios quiere y puede librarnos de algo que nos previene, pero nosotros nos esforzamos por ser caprichosos, rebeldes, no amarlo, por volvernos tercos, testarudos y renegados, ¿Qué sucede?, quedamos atrapados con lo que nos hemos buscado caprichosa y obtusamente.

 No vemos, no entendemos, no miramos ni queremos aprender, escuchar o entender, entonces, quedamos a merced de lo que nos preparamos, buscamos, deseamos, de aquello que pudimos ser libres y no quisimos.

 No hemos querido comprender que aquello que deseamos, no es todo ni la causa de la felicidad como suponemos y nos esforzamos por creer. No hemos querido escuchar a Dios y entonces, no vemos ni comprendemos la verdad, dedicándonos obtusa, terca y testarudamente a generar caprichos, a convertirnos en rebeldes a volvernos unos renegados sin dios.

 Comprender que el adversario nos insiste y tienta con que nos dediquemos a nosotros mismos, a eso que es nuestra voluntad, deseo, ambición, aspiración, algo que tal vez hasta inspiró él, o que solo lo fomenta porque de esta manera logra lo que quiere, que seamos rebeldes a Dios solo preocupados por nosotros, egoístas desamorados desesperados por hacerse ver, notar, adorar y perdidos en el inútil intento de llamar la atención a otros que andan por el mismo camino de perdición, corrupción y tinieblas.

 En la dificultad misma de obtener lo que deseamos, deberíamos considerar si es realmente lo que queremos y necesitamos, pero, en vez de eso, nos encaprichamos mas e ignoramos a Dios que nos da la opción de reconsiderar, de pensar, de ver y de comprender.

 Dios permite que encontremos dificultades en el camino en el que corremos ansioso, nerviosos, histéricos, desesperados, etc., buscando lo que deseamos, y no es para entorpecernos o castigarnos, al contrario, es para darnos una oportunidad de optar por algo mejor, algo bueno y verdadero, aquello que en realidad nos hace falta y que no lo vemos.

 Lo que realmente nos hace falta y no vemos es Dios mismo, pero, al renegar de Su Voluntad, no lo recibimos, lo rechazamos y repudiamos eligiéndonos a nosotros mismos y corriendo tras una satisfacción que podremos alcanzar o no, pero que sin duda nos va a dejar doblemente vacíos, angustiados, desolados, porque es ahí donde confirmamos que deseamos convertirnos en seres sin-Dios sobre la faz de la tierra, o sea, en semejantes a demonios, pues queremos vivir como en el infierno sobre la tierra, sin amar a Dios y preocupados con exclusividad por sí.

 Cuando alcanzamos lo que queremos, ¿Qué obtenemos?, un suicidio espiritual, porque consumamos la rebeldía y nos oponemos definitivamente a Dios demostrando que no lo queremos, cosa que sucede incluso entre quienes dicen amar a Dios, pues mientras guardan las apariencias externas, solo se empeñan en satisfacer-saciar siempre su ego-orgullo, viviendo como cualquier ególatra del mundo sin fe.

 Eso que buscamos con insistencia, nerviosismo, ansiedad, es solo la satisfacción de un capricho, la consumación de la rebeldía y es volvernos renegados contra Dios, de manera que, obteniéndolo, aunque nos esforcemos por considerarnos felices y alegres al haberlo conseguido, la verdad es que se produce un trastrocamiento interior en el que nos hallamos total y absolutamente desolados, sin vida, sin Dios.

 Podemos obtener lo que buscamos, pero, no es lo que realmente nos conviene, ni lo que realmente estábamos buscando, y ni siquiera vemos que ahí, lo único que conseguimos fue convertirnos en rebeldes contra Dios consumada y decididamente, cuando pudimos ser libres.

 El conseguir lo que deseamos renegando de Dios, no escuchándolo, esforzándonos por dedicarnos a nosotros, no nos hace felices, sino sumamente infelices, debido a que la Felicidad Misma Es Dios, pero, a Dios rechazamos para pasar a vivir sin Él, para pasar a llamar ‘vida’, a lo que en realidad es muerte.

 Cuando Dios previene de que obtengamos algo, no es por capricho, sino por cuidarnos, para evitar que caigamos en una rebeldía que nos prive de estar en comunión con Él, pero, si nos esforzamos y, no obstante El Don de Su Amor que nos Revela la Verdad, nos volvemos obtusos, obstinados, tercos, obcecados y perseguimos lo que deseamos, lo obtenemos, pero, ahí también conseguimos lo que no buscamos, lo que no quisimos entender, morir espiritualmente, perder a Dios y volvernos rebeldes consumados, generando un abismo, un vacío y una desolación de la que no podremos salir.

7. LA VERDAD MAS SIMPLE QUEDA OCULTA

 No hay nada mas importante que amar a Dios en el mundo, sin embargo, nos perdemos tratando de hacer cosas vistosas, llamativas e inútiles sobre al faz de la tierra para ser reconocidos como importantes, para ser adorados y tomados en cuenta, que es donde dejamos de amar a Dios, de mirarlo y de prestarle atención debido a que, con miedo, solo y siempre nos miramos a nosotros mismos.

 Nada mas importante hay que amar a Dios mientras estamos de paso por el mundo, pero, es lo único que no hacemos, es algo que tenemos por secundario, inútil, innecesario, demostrando así que nos consideramos mas importantes que Dios, debido nos dedicamos a hacernos amar.

 Nos consideramos mas importantes que a Dios porque tenemos miedo, porque somos unos cobardes que no hacen otra cosa mas que pensar en sí mismos, y eso es consecuencia de no querer tener Fe, de no querer amar a Dios, generando por lo tanto, un círculo vicioso en el que nos vemos perdidos, hundidos, encerrados, atrapados, dedicándonos a nosotros, a hacernos amar, provocando hundimiento, debilidad y miedo que nos empuja a seguir dedicándonos a nosotros mismos.

 Amar a Dios es obedecer a Dios, y eso no lo consideramos como importante, al contrario, nos parece mas importante renegar de Dios, escuchar al adversario y dedicarnos a nosotros, a cualquier rebeldía inútil con la que demostrar desprecio, rechazado fingiendo que eso es libertad, y no queriendo ver que es la causa de la ruina espiritual actual y eterna.

 No queremos ver ni entender que estamos renegando de Dios, de Dios, no de cualquiera, y que Dios no quiere sino Nuestro Verdadero y Eterno Bien, de manera que nos esforzamos por perjudicarnos, arruinarnos y volvernos desgraciados, o sea, sin Dios.

 Como tontos queremos dedicarnos a lo que el mundo estima, valora, reconoce y envidia, suponiendo que así somos algo importante, alguien digno de ser adorado, no viendo que de esta manera, estamos renegando de Dios, oponiéndonos a Él, prescindiendo de Su Amor y construyendo en la arena de su ausencia, del gran vacío, de la terrible desolación.

 Como tontos queremos ser vistos, reconocidos, tomados en cuenta, apreciados y estimados por un mundo que odia, aborrece y desprecia a Dios, que lo rechaza, ignora y deja absolutamente pospuesto, de lado, como si fuese algo inútil, cuando en realidad es inútil dedicarse a exaltarse, a hacerse adorar, a convertirse en demonio soberbio y orgulloso, un ególatra desamorado que solo y siempre se preocupa por sí.

 Como el ser rebeldes contra Dios y dedicados a sí, al orgullo y la egolatría esta de moda, todos los idiotas se dedican a perderse, a convertirse en demonios, a volverse unos inútiles desamorados viciosos que solo cultivan una imagen apreciable por el mundo mientras se pudren en el espíritu irremediablemente.

 La Verdad mas simple e importante, queda oculta a los ojos del mundo solo porque las almas quieren elegir la mentira, dedicarse a sí, al orgullo, a los vicios, a convertirse en demonios sobre la faz de la tierra, rechazando a Dios, no amándolo, esforzándose por convertirse en una abominable desolación insoportable de egolatría.

 Dios sigue estando ahí, y aun mas al alcance que antes, pero, las almas siguen esforzándose por renegar de Él, olvidarse, por pensar obsesiva, terca y testarudamente en sí empeñándose inútilmente en hacerse adorar, cosa de la que no tendrían necesidad alguna si adorasen a Dios debidamente, que es donde crecerían en amor, simplicidad, humildad y felicidad.

 Lógicamente, Dios Es lo Mas Importante, entonces, amar a Dios es lo mas importante que podemos hacer en el mundo, mientras estamos de paso sobre la faz de la tierra, es decir, en gestación para la eternidad.

 Amamos a Dios obedeciendo a Dios, y Obedecemos a Dios cuando colaboramos en Que Se Haga-Reine-Triunfe Su Voluntad en nuestra vida. Esto es Verdadera Humildad, no la aparente que el mundo aprueba, festeja, celebra y reconoce, debido a que el mundo odia a Dios, y por lo tanto odia amar a Dios, de manera que, aborrece la Verdadera Humildad.

 Verdadera Humildad Es Obedecer a Dios, o sea, amarlo, cosa que no nos hace amar, adorar, ver o reconocer sobre la faz de la tierra que aborrece a Dios.

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